-Dalcahue, Chiloé, Décima Región de Los Lagos. Febrero 2009...
-Cabros ! voy a buscar manzanas a esa casa, espérenme aqui no más.
Esa fue la frase que urdí para conseguir algo de comida. 3 mochileros; Pablo de Santiago, Julio de Santiago/Valparaíso y yo...un Puertomontino desafiando la lluvia chilota.
Estábamos ubicados en las afueras de la iglesia de Dalcahue (Monumento Nacional y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO). Justo debajo de los 9 pórticos que tiene aquella iglesia, apoyado en un pilar, contemplé el lugar. Había encontrado algo interesante:
- Hola, buenas tardes señora. Sabe? veo que tiene un árbol repleto de manzanas. Me podría dar algunas porque tenemos hambre con mis amigos...aquello
s que se ven allá.
-Sra: Hola, si, adelante, pase, pase. Justo hoy en la mañana recogí unas cuantitas...están en una bolsita colgadas en el árbol.
-Muuuchísimas gracias señora, de verdad gracias.
-Sra: De nada, si estas casi nadie las come.
Llegando de aquel generoso terruño, repartímos el bocado. El jugo y la ternura de aquellas manzanas, eran comparables al cariño de una madre, que urde con el calor de sus brazos a su pequeño. Esa nostalgia sentí, estando lejos de casa. Mojado, con hambre y sin dinero por cierto.
Mi afán era algo más ambicioso. Teníamos apenas una bolsa con arroz y eso era todo. Teníamos olla y platos, sólo faltaba el fuego. Lo malo es que estábamos en
pleno centro.
Mi idea fue ingeniosa... si se le puede decir: "Vamos a las cocinerias del mercado para que nos dejen poner nuestro arroz a hervir. Buena idea exclamaron mis secuaces.
Cargamos las mochilas estilando de agua, la ropa emanaba su hálito para mal de nosotros.
Recuerdo que entré al mercado comandando la misión y no se por qué pero llegué al puesto número 5 de "Doña María". Hablé con ella, le expliqué el asunto. Le expliqué además que no teníamos qué carajo comer.
Alguna vez vieron a esos magos que aparecían en los estelares de nuestra noventera televisión? Si su respuesta es positiva, déjeme decirle que así fue la respuesta que nos dio esta amable señora. De golpe, de frentón, sin escaramuzas ni rodeos; sin evaluar nuestro aspecto. No, nada de eso. Un rotundo SI, deambuló por nuestros tímpanos. Es como cuando te dan una noticia super importante, etc.
-Oye, oye Laura, calienta esa cazuela que está sobre la cocina a gas y pon tres platos aquí en el mesón. Palabras de Doña María, propietaria del local.
Nuestras caras no cesaban de júbilo. Un regocijo tal que circulaba por nuestras venas como un pájaro que se escapa del cautiverio y vuela en libertad. No lo podíamos creer. La idea que urdí al fin y al cabo no fue muy aceptada, pero nació esta hermosa obra, que a fin de cuentas resultó siendo un milagro.
Apenas sirvieron la cazuela de vacuno, nos fuimos como tordos al trigo; la sensación de las manzanas nuevamente rondaba mi conciencia. A ratos pensé que mi madre me había hecho la cazuela, esas cazuelas ricas que hoy hacen que me vea un poco "crecidito" para los lados.
Los comensales no emitían palabra alguna. Y así como fue rápida la decisión de Doña María, también lo fue el drenaje de los platos...No dejamos ni huellas.
Satisfechos nos acariciábamos la panza para bajar la comida.
No teníamos palabras para describir lo que hizo aquella señora, pero a mi se me ocurrió hacer un testaferro o algo parecido como para devolverle la mano a esta cálida mujer chilota, de abnegado esfuerzo y, literalemte...corazón de abuelita.
-Señora María, saquémonos una foto para hacerle propaganda a su local. Quién sabe si el día de mañana viene uno de nuestros conocidos a comer aquí...le parece? exclamé con sinceridad y muy emocionado.
Ella, como siempre acepta de inmediato.

De izquierda a derecha: Pablo Caroca (Stgo), Felipe Alfaro (P.Montt), Julio Hidalgo (Stgo./Valpo.) y Doña María al centro
Nos despedimos cordialmente y juramos volver algún día...
-Dalcahue, Chiloé, Décima Región de Los Lagos. 5 de Marzo 2011...
Pablo entró raudo al mercado de Dalcahue. Entró rápido, como cuando vamos al banco a hacer un trámite o cuando caminamos rápidamente por las "estresadas" aceras de la ciudad.
-Hola Doña María...se acuerda de nosotros?
Doña María quedó estupefacta ante la pregunta de Pablo.
-No, quiénes son ustedes?
A Pablo no le quedó otra que contar la historia y luego de unos minutos se despejó la memoria de Doña María.
-Aaaaaaa siiii, si me acuerdo de ustedes ! andaban "toitos" mojaos con unas mochilas me acuerdo (...) andaban más eso si...
-Si, ahora sólo falta Julio, no pudo venir con nosotros. Doña María, ella es Francisca, mi polola. Pablo cumplió la promesa al igual que yo.
Asi que nos acomodamos en una mesa y pedimos comida, como para devolverle el favor.
Fran degustando un caldillo de mariscos
Pablo pidió Merluza frita con papas y ensalada.
Testaferro del reencuentro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario