lunes, 30 de marzo de 2009

Nociones mochileras


Aún cuando los años se puedan contar con los dedos, el instante comienza a consumir las ganas de quemar lo que se descubrió y desertó una rima llamada vida.
Se pretende criticar el alama de uno mismo cuando se está mal. Se valora mediocremente el alma cuando estamos felices y al fin y al cabo, nadie nunca es felíz. Salvo el ejercicio de la mente que cada día nos degusta con su antipatía llamada discordia del ego.
No se que hago o no sé por qué existo, suele relinchar el alma perdida de un buen hombre acurrucado al costado de una estufa a leña. Esperando por la comida que bien le hace sentir, al menos por unos instantes.


No se esgrimen sueño, molestias ni manzanas que contar. Existe un momento previo en que el hombre desafió el transcurso de las horas y emprendió un viaje por donde los perros sabían ladrar en inglés.
Terror sintieron sus pupilas, no quizo ser de este mundo. Se largó al camino de la vida, ese en donde no importa si estamos tristes ni alegrea, pues bien, siempre estamos a la deriva esperando por alegría....

Dedicada a mi alma mochilera, que durante Febrero de este año, me mostró que la vida es tan simple, que dos piernas y dos manos, pueden recorrer miles de kilómetros, quitando las barreras que perturban nuestra visión y aterrorizan la conciencia al poner un cartel que dice: Santiago...1025 kilómetros.




HE DICHO!