Alegorías y destellos, fuerza y voluntad. Sentado en la misma orilla del río que me vio caer. Tengo el temor que nada volverá a repetirse; ni asemejarse a lo que alguna vez viví. Certeza? Demasiada diría yo. Es que hoy, las aguas de este río están más en calma, quizás ese es mi argumento; quizás sueño la realidad utópica, pero es algo que siento desde adentro.
Hoy, la mañana está nublada. Aterrizaron los artilugios desde la atmósfera para apoderarse de mis sienes. Bastante importante diría yo, como para pensar que soy un pasajero inocente de este mundo llamado tierra.
Luego... la calma. Antes... el olvido. Tal vez la única razón de por qué existo. No hay siluetas, no hay masas, no hay pasta de dientes ni nada perceptible, sólo un vago recuerdo de lo que aconsejamos señalar en nuestro mundo irreal. ¿A eso que llamamos imaginación? Puede ser. Es más bien un parante anexo o algo semejante a este río que está en calma. Lo contemplo y aún sigue en calma.
Y a mi lado? Árboles, pasadizos convexos que llegan a un mismo lugar; hojas desparramadas y avellanas exiliadas de su hogar; pasto temeroso del crecimiento y arbustos defensores del río. Neblina que acorta mi espacio visual. Todo parece estar cercano a mí. De pronto, una gaviota irrumpe en medio de la descripción; circunda la soledad del espectáculo. Vuela! alcanza tu plenitud! No te quedes en este urbanizado lugar ! Luego te vas. No vuelvas. Da lo mismo. Ya no te veo.
Tras unos segundos, recuerdo el manifiesto de la vida, ese por el cual luchamos; el mismo que nos hace encontrar la frustración. Tanto tiempo buscándolo.
1- Años y años que se fueron por el tacho de la basura...
2- De verdad es basura?
1- Bueno, quizás no. No todo es malo, o si?
2- No, no pienses así.
1- Pero es que se puso a lloviznar, y lo plasmado en estas hojas se tornará difuso.
2- Bueno, entonces acurrúcalo en tu conciencia.
1- No es mala idea, pero tal vez no me lo aprenda como aprendo una canción; imagina: la vida es tan larga cuando estamos aquí, pero luego del último suspiro, sólo ahí logras asimilar que fui una hormiga caminando por el desierto.
2- Pero aunque seamos hormigas, por algo vinimos a este mundo; y si te tocó recorrer el desierto, pues descríbelo! No trates de disminuir tu realidad, sólo siéntate y observa los árboles: ¿Tu crees que es muy alegre para ellos crecer siempre en el mismo lugar? ¿Cuántas veces quisieron moverse para esconderse del sol? ¿Cuántas miles de veces trataron de correr por un vaso de agua, o una mano que les dé cariño? Imagínate! Vuela! así como hace un rato le hablabas a la gaviota... márchate a recorrer el mundo; alza tu cabeza y deja que te llegue el sol de frente, navega contra la corriente. Busca el Norte de tus avenidas. Omite el este y el oeste. Crece recto, como el árbol. Y aunque permanezcas siempre ahí, conocerás el mundo con tu sapiencia, tu empirismo. El árbol tiene miles de ramas. Unas más fuertes que otras. Todas conducen a varios caminos, y es ahí cuando tienes que sacar tu brújula y no perder el rumbo. La copa de los árboles tiene ramas que son más débiles contra el viento, pero... ¿te fijaste en algo? Aunque el viento las atormente millones de veces y aunque se doblen rendidas a Eolo, siempre vuelven a levantarse. Una y otra vez. Cae!, pero emprende tu vuelo una y mil veces. No cierres los ojos, puedes perder el Norte...
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