viernes, 22 de junio de 2012

Las pobres alamedas de un país sin avenidas

En este blog he hablado muchas veces sobre la muerte y esas buenaventuranzas que venden los angelitos a 3 por luca en las frías aceras de este Chile. He alzado la discución entre si es justificable el "auto asesinato" llámese suicidio o es más bien una cobardía. He trazado los parantes de discordia que existen en las almas perdidas; llanas y vagas merodeando algún poste como para echar la meá. También creo yo, he vendido urnas al optimismo de ciertas personas, o mejor dicho, de ciertos conglomerados y he negociado un par de veces con ese producto llamada muerte -aunque sin muchos resultados, simplemente era un ocioso bastardo-.

Hoy el día se tornó gris y evocó el frío más potente que se haya imaginado este invierno. El agua caía a raudales, el viento golpeaba mis mejillas a la hora de comprar pan a la esquina. Tenía que ser por una buena razón para que tales señales se manifiesten de esa forma.

                        "Se me tiritan" los huesos, por el frío de no tenerte !
                        Habráse visto calaña de soledad entumecida en el recuerdo?
                        Caen las manos, cae el pelo, cae la piel y se arruga el ceño
                        pero tus ojos, tu vida y tu alma, siguen revoloteando, quizás allá
                        allá donde no quisiste penas, ni alegrías... sólo un soplo te bastaba
                        sólo un soplo te bastaba, para darte cuenta quién eras.

                              Con todo el respeto del mundo, mis palabras hacía un grande... Nelson Schwenke.
Corren las gotas de lluvia amenazando las cada vez más delgadas- planchas de zinc-. Los colectivos y las micros y la gente y el aire, afuera, compiten. Caen las últimas hojas de los árboles, muchas de llas ya podrídas,débiles, sin terruño ni calor, sin pan ni pedazo. El canto de la noche silente va tejiendo un bailesito chamamé al calor de la luna. La cara escueta de la selva de cemento se va atornillando, se va hundiendo, se está acabando. Temor muchos tenemos de la muerte. Lástima que no se pueda predecir el cuándo sería; la muerte vendría a ser el terremoto de nuestras vidas. El suspiro, la esperanza.

Nelson Schwenke te has ido, te has marchado caminando con un pañielo llorando tus penas, riendo tus alegrías y saboreando tus satisfacciones. No importa en qué lugar te encuentres, estoy seguro que sabrás cuidar tu guitarra. Abróchala con tinta y empieza a escribir el guión para nuestras vidas...


DON NELSON, UN BUEN VIAJE... SE LE EXTRAÑARÁ.