Cosas que suceden en la vida siempre se recuerdan y quedan en la mente, imágenes que recorren y circundan el infinito espacio del subconciente personal. Hablando de personal, me acordé de las miles de historias distintas que se escuchan en radios, televisión, diarios, revistas, casas de remolienda y paraderos de micro. No es por ser copuchento, pero, por algo tenemos oídos.
Una de aquellas cuenta la historia de un campesino que rogaba al cielo para que llueva y sus plantaciones de hortalizas crezcan. Lo que no sabía este campesito, que su fe se mantenía en cero.
Un día, fue a misa y comprendió que la fe no está solamente en ir a rezar a la iglesia, ni mucho menos confesarce con un curita.
Estableció así un contacto con sus hortalizas; les hablaba, les puso nombre, sacaba fotos de ellas y hasta les hacia refugio en las heladas noches. Cada vez que dormia, rogaba por un mejor bienestar. Las quería a tal punto de llegar a pensar en no separarse jamás de ellas.
Y ocurrió el milagro !! Llovió tres días continuos. Llovió de tal forma, que sus hortalizas crecieron y se conviertieron en las más grandes de todo el sector.
Atraídos por la magnitud de repollos gigantes, tomates obesos y un sin fin de grandes especies, los comerciantes se acercaron al agricultor, ofreciendo el doble de lo que cuestan normalmente. Nuestro amigo campesino accedió cegado por la ambición y la codicia, a tal punto, de llegar a tener sus pampas peladas, sin ninguna verdura que le cantara un tanguito de Gard
el... "El día que me quieras la rosa que engalana, se vestirá de fiesta, con su mejor color. Y al viento las campanas dirán que ya eres mía. Y locas las fontanas se contarán su amor"El campesino, comprendió que el mal rondó sobre su decición. No se dejó ninguna especie. Nada. Ni siquiera como para adornar sus frías paredes.
Así, asi como un vil ambicioso se torna la vida. Cada día la carrera del billete se asemeja a la realidad.
Y claro, este tema no me gusta, pero me gusta para bailarlo. No me gusta la ambición, pero debo tenerla para lograr mis sueños. No soy partidario de la avaricia, pero debo conseguirla para realizar lo que me propongo.
Al fin y al cabo, somos todos presos de un mundo, un sistema, una reja, un botón y una larga historia, no como esta, pero ojalá la suya no sea tan sufrida.
Las letras se olvidan, el cielo se oscurece, el mate se enfría y el despertar ronca entre las montañas. Ha amanecido y he reconocido que la avaricia y la ambición tocan mi ventana.

QUE LANCE LA PRIMERA PIEDRA EL QUE ESTÉ LIBRE DE PECADO !!!
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