No existían buenos momentos, no habían alegrías.
Chile perdía 1 a 0 con Italia por el campeonato de Toulon en Francia. Todo era negro, todo un tanto truncado, algo quería presagiar.
El informativo interrumpe el partido que estaba en trámite. Algo muy grave tendría que haber sido para que la desidia de la osadía haya intervenido en el corte del partido. Entonces se dio paso al informativo.

Se hablaba de un helicóptero que no pudo aterrizar, de una tropa de altos generales que vieron su brío convertido en fuego. El General Director de Carabineros de Chile, el Sr. Alejandro Bernales había caído derrotado por una bala incluso más fuerte que la delincuencia, aquella contra la que tantyo luchó.
Por despecho, mala suerte o destino el helicóptero se encerró en la letanía. Navegó en un desperfecto quizás, o tal vez, Dios quizo que el momento sea distinto... distinto a lo que vemos todos los días.
Así pasaron los minutos, ya nada se sabía del partido. Esto, ya había pasado a un segundo plano, dejando las semillas del partido, podrirse en la tierra, sin importarle a nadie.
El sol alumbraba ahora a esta noticia. También se confirmó la muerte de su esposa, Teresa Bianchini, del Oficial Tapia y su esposa. Orozco y Fuenzalida completaban el catástro de nuevos mártires.
El país rápidamente se acongojó ante tal suceso. Algunos ya preveen que el fin del mundo sea aqui en Chile, ya que hemos sabido afrontar la desazón en innumerables oportunidades; sin ir más lejos tenemos el recuerdo reciente del volcán Chaitén, la caída de una avioneta hace unos meses en Peñalolen, los sismos que azotan la provincia de Palena en nuestra región y sin dejar de lado, las grandes inundaciones que afectaron a todo el país.
Ahora, queda esperar que el Gral. Bernales y su comitiva descansen en paz, aquella paz que siempre quizo en nuestra angosta faja de tierra. Esa paz por la cual no podía dormir por las noches, aquella paz que nunca se dió a luz, si nó que está en el recuerdo del subconciente colectivo de todas las personas de este paz. Paz que queda en el recuerdo de los chilenos, al igual que la enorme labor que hizo este hombre por su patria.
Gracias señor Bernales, en sus momentos de congoja, jamás presagió una lágrima. Sr. Bernales: es un ejemplo al ser estoico.

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